| SERAFÍN
SÁNCHEZ
Serafín
Sánchez Posadas, el último día de la guerra,
pudo subir en Gandia, a un barco inglés que le llevó hasta
Marsella, escapando por los pelos de una segura detención por las
tropas franquistas. Desde ese puerto francés Sánchez logró
llegar a El Havre en donde volvió a embarcarse hasta el puerto
británico de Brighton.
Durante un tiempo residió en una casa para jubilados, en esta ciudad,
donde el gobierno inglés alojó a algunos exiliados. De allí
pasó a Londres donde vivió hasta 1941. Debía ser
finalmente enviado a Méjico, al no estar el gobierno inglés,
por haber reconocido a Franco, dispuesto a recoger exiliados españoles,
al menos no a todos.
Pero no fue posible llegar al país de los aztecas. El buque, estando
en plena guerra mundial, les desembarcó en Montevideo, donde tampoco
estaban autorizados a permanecer por lo que fueron trasladados a la República
Argentina. Otra estancia provisional, para unos meses tan solo. Pronto
fueron llevados por ferrocarril a Bolivia, atravesando los Andes, hasta
llegar a la acogedora Venezuela.
Allí Serafín Sánchez trabajó de mayordomo
y luego de oficinista en el Caracas Country Club, un lugar de recreo para
la elite social de esta ciudad. Sánchez pudo entonces, era el año
1948, reclamar a su mujer e hijos (dos chicas y un chico) que habían
quedado en España en las cercanías de Valencia, malviviendo
a base de tener huéspedes en casa y dedicarse al estraperlo, durante
los peores años del franquismo.
Concha Sánchez Soria una de las hijas a quién debemos este
relato, cuenta que estuvieron viviendo allí hasta que fallecieron
sus padres en el año 1965, en el que las dos decidieron regresar
de su prolongado exilio, a pesar de que sus hijos ya eran venezolanos.
Las casa de España y los centros catalán y gallego se convirtieron
en lugares de encuentro, tertulia y nostalgia para todos los españoles.
No obstante recuerda esos años como la mejor época de su
vida.
“Daba gusto estar en ese país”, por lo que le produce
vergüenza el trato que se da a los sudamericanos y a todos los emigrantes,
la falta de solidaridad para los que llegan aquí a intentar ganarse
la vida. Esto le recuerda las dificultades propias, de toda su familia
para supervivir.
Concha finalmente hace un pequeño recorrido por la vida militante
de su padre:
“Mon pare tenía el deu o el once de la agrupació socialista
de Valencia” (en valenciano en el original) fue secretario de organización.
Era empleado de banca, en el Banco de Vizcaya.. y fue vicepresidente del
sindicato de banca...
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Concha
Sánchez en su domicilio (12-03-2003)
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Cuenta Concha que asistió al juicio de los dirigentes socialistas
Isidro Escandell y Molina Conejero y cree que éste es uno de los
peores recuerdos de su vida: “Sentí la tristeza de ver como
los condenaban por nada.., por.. defender sus ideas”
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