FUNDACIÓ SOCIETAT I PROGRÉS
       
 

VOCES DEL EXILIO

   
     
 

JUAN TUNDIDOR

Juan Martín Tundidor López, hijo de un socialista madrileño y una abulense, nació el 11 de noviembre de 1911 en Buenos Aires, ya que sus padres era emigrantes en la República Argentina. Teniendo año y medio viajaron a Valencia quedándose a vivir en la calle de Sueca en el barrio de Russafa. Se educó en escuela mixta de la Unión Ferroviaria, el sindicato de ferrocarriles, laica y liberal. La influencia de Giner de los Ríos le trasmitió su rebeldía ante la injusticia.

   
 
Juan Tundidor López, en la actualidad, explica los avatares de su exilio en Francia y Venezuela. (12-03-2003)
 

La histórica huelga de 1917 fue un acontecimiento que le dejó huella. Presenció el desfile de los ferroviarios y oyó la descarga de fusilería de la Guardia Civil que mató al muchacho que encabezaba la manifestación, hiriendo a varios participantes. Desde los tiempos del bachillerato, su dedicación preferente, casi absoluta, fue a la política y dentro de ella a la causa del socialismo.


Elegido Secretario General de las Juventudes Socialistas de Valencia en 1929, trabajó por extender y consolidar la organización en Alzira, Sueca, Gandía , Castellón y la ciudad del Turia. Más adelante, le tocó vivir el controvertido proceso de unificación con los comunistas. La JS pasaron a llamarse Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Conserva un emocionado recuerdo de la proclamación y de la labor política y social de la II República: La Republica trató de hacer un país democrático, de un país teocrático, frente a la iglesia, la monarquía y los partidos de derecha.

 
 
 
 
Portada del libro de actas del 2º Congreso, un congreso histórico, en el exilio francés.
 


Hizo el servicio militar como cabo en el regimiento infantería número XIII, y vivió la sublevación militar de 1936, contra el gobierno español legítimamente constituido, contribuyendo a desarmar a los soldados del cuartel de la Alameda de Valencia, sin necesidad de recurrir a la violencia: Nos fuimos abrazando a ellos conforme salían y nos iban entregando las armas como les habíamos pedido...


Conoció al sargento Carlos Fabra que contribuyó a desactivar con su decidida acción contra los jefes y oficiales del cuartel de Zapadores-Minadores de Paterna, el probable éxito del alzamiento militar en Valencia. Dice de Fabra, entre otras cosas: (...)Era un hombre que amaba la libertad y que la quería para su país. (...) Lo valoro como una persona honesta y un hombre sincero...

 
 
 
 
Páginas del libro de actas del 2º Congreso en el exilio.
Queda recogida la elección de Tundidor
 


Durante la Guerra Civil, fue entre otras cosas comisario político del “Gravina” buque de guerra de la armada española con el que, al servicio de la Republica, hizo varios viajes al puerto de Odessa en la Unión Soviética para transportar armas y pertrechos militares. Cuando se le comunicó el cese en esta actividad, quedó adscrito a la escuela militar de guerra en las cercanías de Valencia. Se graduó como teniente, y fue dedicado a actividades de propaganda hasta el final de la guerra.


En marzo de 1939 se embarcó en un carguero británico que salió del puerto de Valencia ocupado ya, parcialmente por tropas de Falange. Nos abrimos paso con una metralleta hasta el barco... El buque atravesó la frontera y les llevó a Francia, donde sería internado, como miles de españoles en el fatídico campo de Argelés.. Allí vivió en compañía de la muerte y la miseria más espantosa: Servíamos de diversión a los “espaís” (soldados norteafricanos del ejército francés) que nos tiraban pan a las alambradas.. He visto a 200 personas haciendo sus necesidades.. la disentería, los vómitos, las diarreas por beber agua de mar.. Sin agua, sin comida ni letrinas..


Logró sacar a su padre del campo y tuvo que asistir en Celles (departamento del Hérault) a la muerte de su primera esposa, victima de una epidemia de tifus. Con un hijo muy pequeño a su cargo, aceptó trabajar como enfermero, ante la falta de personal sanitario y medicinas de 28 mujeres afectadas igualmente por la epidemia de tifus. Allí conoció a la que sería más adelante su segunda esposa.

 
 
 
 
Páginas del libro de actas del 2º Congreso en el exilio.
 


Poco después fue trasladado hasta las proximidades de una zona boscosa donde se sumó a la resistencia, participando activamente en sus luchas y avatares políticos frente a los invasores nazis. Fue comandante de un grupo donde combatían socialistas, anarquistas, comunistas.. Recibían instrucciones por radio de la BBC de Londres por el sistema de mensajes personales: el pajarito volará al amanecer o la cebada está podrida podían significar, en clave, el derribo de una línea telefónica o la voladura de un tramo de vía férrea... Ante la inminencia del desembarco aliado en Normandía su unidad, encuadrada nominalmente en las FFI (Fuerzas Francesas del Interior) recibió la orden de hostigar a las unidades acorazadas alemanas. Cuenta que los aviones ingleses les abastecieron entonces “por paracaídas” no solo de armas y municiones, sino también – y esto es lo curioso – de tabaco, fósforos y papel higiénico, todo ello cuidadosamente envuelto en unos impecables tubos de metal. “Cosas de los ingleses”
Terminada la guerra y “licenciado”, asistió en París a la entrada de los tanques de la división Leclerc, encabezados por españoles con el valenciano Amadeo Granell al frente.
A los rótulos escritos en los tanques de: Guadalajara, Teruel, etc, se sumaba una gran bandera republicana que ponía: Paris – Madrid.


De inmediato, Tundidor se afanó en la organización del PSOE en el exilio. Formando parte de un grupo de segunda o tercera categoría en el partido, un grupo de “pichichanes”, como yo era, fue uno de los promotores del trascendental II Congreso, que se reunió en Toulouse en mayo de 1946, y que logró reunir a “toda la familia socialista”, sin “otro pan que ofreceros que el pan amargo del exilio...”. A los delegados de los socialistas españoles de los departamentos de toda Francia y el norte de Africa, de Méjico e incluso del “interior” (España) donde se intentaba reconstruir en clandestinidad el PSOE, se unieron representantes de Bélgica, Francia, Inglaterra e Italia. El Congreso eligió una Comisión ejecutiva, donde Juan Tundidor fue vocal, con Rodolfo Llopis como Secretario General. Entre otros trabajos se rindió homenaje a la memoria de Largo Caballero.

     
 
Miembros de la Comisión Ejecutiva del PSOE en el exilio. Juan Tundidor aparece junto a: Rodolfo Llópis, Pascual Tomás, José Gregori, Arsenio Gimeno y Enrique de Francisco.
 


Las diferencias entre los “caballeristas” y “prietistas”, llevó a Tundidor en defensa de las posiciones “más radicales” como seguidor de Largo Caballero a enfrentarse “de manera amistosa, pero firme” con Indalecio Prieto. Se planteó un problema muy difícil de convivencia tras ser derrotadas estas posiciones en el congreso, y un poco amargado por la derrota, optó por aceptar el ofrecimiento de marchar a Venezuela.


Venezuela será la última y tal vez más fructífera etapa de su exilio. Los socialistas españoles fueron acogidos de manera fraternal y con grandes facilidades para trabajar y estudiar (su hijo mayor, hoy fallecido, aunque nacido en España, llegó a ser Juez de la Corte Suprema de esta república americana).
Tundidor presidió la Agrupación de socialistas españoles que llegó a tener 1.800 afiliados, más de los que hay en Valencia. Su trascendencia llevó a Felipe González a visitarles en Caracas, varias veces. Se fraguó una relación personal con el entonces Secretario General del PSOE y Presidente del Gobierno español, que continua hoy día y que ha generado una copiosa correspondencia de la que Juan Tundidor está especialmente orgulloso. Dice de González:
Creo que es un hombre de un talento excepcional (...) No se le ha perdonado que descuidara un poco la inspección de sus subalternos (...) Es una infamia decir que Felipe González ha cogido un duro (...), es un hombre honrado...

 

   
 
Tundidor, en el centro, acompañado de la Ejecutiva de la Agrupación de Venezuela del PSOE atienden a Felipe González con ocasión de su visita a Caracas.
 

Aunque no se considera “felipísta”, defiende la talla de estadista de González y piensa con convicción que, durante los gobiernos que presidió se produjo una positiva y profunda transformación de la sociedad española.
Las campañas emprendidas por los socialistas españoles en Venezuela dieron al PSOE muchos votos de la emigración americana, pero la llegada al poder de Rafael Caldera, extendió la corrupción hasta límites increíbles, frustrando las ilusiones de Tundidor que ganado finalmente por la nostalgia de España, volvió a Valencia hace unos años.


La historia de Juan Tundidor es la de una vida entregada al socialismo y a la masonería, amores a los que he dedicado toda mi vida y he sacrificado a mi familia, lo cual me remuerde un poco la conciencia ..., ya que he perdido en el exilio a los seres más queridos.. Una experiencia, la suya, muy intensa y diversa, llena de matices y controversias, de dolor y satisfacciones, difícilmente repetible.