VII - LOS RETORNOS
 
       
  El 22 de noviembre Juan Carlos de Borbón es proclamado Rey de España.

 
       
  En diciembre el Rey Juan Carlos nombra presidente de las Cortes y de Consejo del Reino a Torcuato Fernández Miranda, figura crucial en el proceso de transición democrática.  
       
  En julio del año siguiente Adolfo Suárez sustituye al inmovilista Arias Navarro.
 
     
  Los Reyes de España viajan a Méjico.  
       
  Se entrevistan con la viuda de Azaña. El gesto era suficientemente elocuente, se estaba gestando la monarquía de todos los Españoles. La España que no pudo ser a finales de los treinta podía hacerse realidad cuarenta años más tarde.  
     
  En diciembre de 1976 el Partido Socialista Español en la clandestinidad celebra el XXVII Congreso en Madrid con casi 800 delegados  
       
  y la presencia de líderes europeos como François Mitterand,  
       
  Willy Brandt,  
       
  Olof Palme. La ilegalidad de los partidos políticos se revela insostenible.  
     
  Con la legalización de los partidos políticos y las primera elecciones democráticas  
       
  el Presidente de la República, José Maldonado y el Presidente del Gobierno en el exilio, Fernando Valera, hicieron una declaración el 21 de junio de 1977 dando por finalizada la legitimidad republicana.  
     
  La España de todos era un hecho.  
       
  Las puertas del retorno están definitivamente abiertas y día tras día los medios de comunicación recogen la llegada de aquellos exiliados que supieron mantener en las condiciones más difíciles  
       
  el ideal de una España secuestrado por el fascismo y el conservadurismo reaccionario.  
       
  Dolores Ibarruri,  
       
  Claudio Sanchez Albornoz,  
       
  Rodolfo Llopis,  
       
  María Casares,  
       
  Federica Montseny,  
       
  Victoria Kent,  
       
  Rafael Alberti y tantos, y tantos otros,  
       
  junto con la emocionante entrada en Madrid del Guernica de Picasso con una escolta de seguridad que parecía rendirle honores.  
     
  Y no solo retornaban las personas, los antiguos protagonistas,  
       
  también retornaban los valores de democracia, libertad, justicia y progreso republicanos  
       
  para fundirse como dice nuestra carta magna en  
       
  "Un estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político".