I - LA RETIRADA  
2. Los Campos de Internamiento
 
       
  El problema de los refugiados españoles fue considerado de modo muy distinto por la dividida opinión pública francesa.  
     
  Las izquierdas, favorables a la República Española, pedían mayor compromiso y actuación, mientras que las capas más conservadoras se mostraban reticentes o contrarias.  
     
  La extrema derecha, abiertamente beligerante con la República Española, mantenía posiciones más xenófobas. La prensa reflejó claramente esta división.  
     
  El invierno de 1939 fue uno de los más crudos de aquellos años, no solo en España sino en toda Europa.  
     
  Desde la caída de Cataluña en enero, cientos de miles de republicanos se agolpaban en hileras de decenas de kilómetros en carreteras y caminos,  
     
  permanentemente perseguidos y acosados por la aviación franquista.  
     
  En el paso de Le Perthus la situación se hace especialmente dramática al permanecer cerrado por decisión del Gobierno francés.  
     
  Finalmente, el gobierno de Daladier presionado por parte de la opinión pública y de destacadas figuras de prestigio, opta por abrir el paso el cinco de febrero.  
     
  Aquella avalancha humana obligaba a clasificar y separar a los civiles. Hombres por un lado y mujeres y niños por otro.  
     
  Se les dio cobijo en "centros de albergue" como se pudo.  
     
  Los combatientes tenían otro trato, entregaban las armas y eran conducidos a campos de internamiento,  
     
  tratados más como prisioneros que como refugiados que realmente eran.  
     
  Aproximadamente 275.000 españoles pasaron por estos campos.  
     
  El primero se creó el 21 de enero de 1939 en Rieucros (Lozère).  
     
  Rápidamente le siguieron otros como Argèles-sur-Mer, Saint-Cyprien, Prats-de-Molló,  
     
  algunos de los cuales llegó a albergar a más de noventa mil personas,  
     
  y otros más pequeños como Rivesaltes, Septfonds o Gurs.  
     
  También hubo campos de internamiento en Argelia donde fueron a parar los últimos refugiados republicanos  
     
  que salieron por mar desde las costas levantinas en marzo de 1939.  
     
  Según recuerdan los supervivientes, la situación de los campos era lamentable, lo mismo que el trato recibido.  
     
  A pesar de ello, surgieron iniciativas sociales y culturales reflejo del espíritu, aún vivo, de la España republicana.  
     
  En algunos campos, como el de Gurs, se formaron orquestas,  
     
  en otros se publicaron diarios y revistas: Vieja Guardia, Boletín de los Estudiantes, Profesionales de la Enseñanza, Exilio y tantas otras.  
     
  y muchos que desde su personal ingenio consiguieron proveerse de lo estrictamente necesario a veces de un modo inverosímil.  
     
  Con la entrada de Francia en la guerra, la política de repatriación a España y las gestiones del gobierno republicano en el exilio, la población recluida en los campos fue disminuyendo.  
     
  Al cabo de un año, en la primavera de 1940, casi la totalidad de los campos había desaparecido, quedando internadas en torno a tres mil personas.