II - LA DIÁSPORA
 
       
  El 1 de abril de 1939 inició sus tareas el Servicio de Emigración de Refugiados Españoles (SERE), creado por el Gobierno Republicano con el objetivo de prestar ayuda a los exiliados en Francia y facilitar el traslado a Latinoamérica con los fondos enviados por el gobierno republicano al extranjero. La imposibilidad de los países americanos para albergar la cantidad de refugiados solicitantes y los criterios selectivos utilizados acabaron provocando tensiones y críticas hacia el SERE por parte de los acogidos en los campos de refugiados.  
     
  El 31 de julio de 1939, la Diputación Permanente de las Cortes creó la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), presidida por Luis Nicoláu d'Olver con objetivos similares al SERE.  
     
  La JARE dispuso de recursos procedentes de los bienes del Vita trasladados a Méjico,  
     
  valores depositados en Nueva York, material de guerra comprado, etc., administrados por Prieto, Carlos Esplá y Joseph Andreu y Abelló.  
     
  De este modo, gracias a estas dos organizaciones, se financiaron numerosas expediciones de refugiados a América con las que se consiguió trasladar en torno a 30.000 personas, 20.000 de ellas a Méjico.  
     
  El l de septiembre de 1939 las Panzerdivisionen invaden Polonia.  
     
  El 3 septiembre de 1939 Francia e Inglaterra declaran la guerra a Alemania.  
     
  Tras la declaración de guerra, en París y en las grandes capitales se organiza la caza del extranjero "sospechoso". De este modo miles de ellos son reunidos en el estadio Rolland- Garros.  
     
  Se arbitraron cuatro soluciones para ellos: el regreso a España,  
     
  la reemigración,  
     
  la contratación en el exterior del campo  
     
  y el alistamiento militar.  
     
  El Gobierno francés estaba especialmente interesado en promover el regreso a España y de hecho fueron muchos los que regresaron antes del inicio de la segunda guerra mundial.  
     
  Algunos logran por su cuenta alojamiento y trabajo en Francia, pero la mayoría de los que permanecen en Francia se integran en las Compagnies de Travailleus Étrangers.  
     
  Compuestas por unos 100 hombres al mando de un capitán francés, estaban destinadas a trabajar en fortificaciones, industrias de guerra e incluso ayudar en los trabajos agrícolas.  
     
  También surgieron invitaciones a los acogidos en los campos para enrolarse en la Legión Extranjera, incluso antes de declararse la guerra con Alemania.  
     
  Desde mayo de 1939 entre 6.000 y 7.000 españoles fueron enviados inicialmente a Sidi-Bel-Abbès en Argelia.  
     
  Una vez declara da la guerra en septiembre de 1939 el gobierno francés abre la oferta de los Batallones de Marcha o Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros  
     
  a los que podía alistarse por el tiempo que durase la contienda, prestando servicio fundamentalmente en Francia.  
     
  Tras la declaración de guerra los campos de internamiento quedaron vacíos. De los 173.000 internados en junio de 1939 se pasó a 3.000 en abril de 1940.