IV- EL GOBIERNO EN EL EXILIO  
2. El Fracaso
 
  Pese al éxito internacional obtenido, las diferencias existentes entre los partidos respecto al rumbo a seguir, reinstauración de la República o apertura de un nuevo proceso constituyente, motivó la dimisión del Gobierno Giral el 22 de enero de 1947,  
     
  siendo sustituido por el Gobierno Llopis que tampoco conseguiría salvar la falta de acuerdo entre las fuerzas republicanas.  
     
  En 1947 la URSS y los países bajo su influencia rehúsan la ayuda del plan Marshall, a la vez que en Francia, Bélgica e Italia los comunistas abandonan los respectivos gobiernos bajo la presión americana.  
     
  Con el golpe de Praga en febrero del 48 se consolida la bipolaridad  
     
  no solo en Europa sino en el mundo entero. El enemigo a considerar a partir de entonces sería el comunismo.  
     
  En este nuevo contexto internacional el nuevo Gobierno de Álvaro de Albornoz. de Febrero de 1949 no pudo evitar el giro de las naciones democráticas hacia el régimen de Franco.  
     
  Al año siguiente, en plena guerra fría, las potencias occidentales modifican su postura ante el régimen franquista,  
     
  que comienza a ser reconocido por algunos miembros de la comunidad internacional.  
     
  Aprovechando esta coyuntura el Gobierno de Franco logró que el 4 de noviembre de 1950 se revocara la resolución de la ONU , que prohibía a los estados miembros enviar representaciones diplomáticas a Madrid.  
     
  La revocación de la resolución de 1946 provocó la dimisión del segundo Gobierno de Álvaro de Albornoz que no fue aceptada por el Presidente Diego Martínez Barrio, continuando hasta el 8 de julio de 1951.  
     
  En agosto de ese mismo año se nombró un nuevo Gobierno republicano presidido por Félix Gordón.  
     
  A partir de esta situación el Gobierno republicano, poco a poco, fue perdiendo posiciones en el concierto internacional, posiciones que no volvería a recuperar.  
     
  La esperanza de un pronto regreso se había desvanecido para todos. El exilio comienza una segunda fase. Como diría Luis Araquistain en el Congreso del Partido Socialista celebrado en Toulouse en 1955, "Somos espectadores de la historia; hemos dejado de ser actores".